F¿Qué es un Instructor Comunitario                                          


                                             

 

                                                                  

 

Miles de jóvenes acuden anualmente al CONAFE a satisfacer dos anhelos: contribuir con su interés, entusiasmo y esfuerzo para propiciar con su acción mejores niveles de vida de la población rural y continuar estudiando con su apoyo económico después de que concluyen su servicio social educativo en alguna comunidad del país.

 

Los jóvenes que participan en La Educación Comunitaria Rural tienen entre 14 y 25 años de edad y una escolaridad mínima de secundaria.  Éstos son los requisitos básicos para incorporarse al programa, aunque existen algunas variantes de acuerdo con el programa o proyecto específico; por ejemplo, los jóvenes que trabajan en las comunidades indígenas tienen que ser hablantes de la lengua particular del grupo étnico al que atienden; en la atención educativa de grupos migrantes se está experimentando con diferentes requisitos: estudiantes o pasantes de la carrera de trabajo social, una persona del propio grupo de jornaleros que domine la lengua que se habla mayoritariamente en el campamento o albergues y, puesto que el agente educativo debe establecer relaciones ocasionales de negociación directa con los productores y autoridades de otras instituciones, se elige entre los candidatos a aquellos jóvenes de mayor edad y madurez.

 

Como la mayoría de los agentes educativos provienen del medio rural, eso facilita su integración a las comunidades en las que llevan a cabo algún programa o proyecto de Educación Comunitaria, pues ellos conocen las características y están conscientes de las dificultades y necesidades que enfrentan los habitantes de esos lugares, y eso les permite tener la sensibilidad adecuada para trabajar conjuntamente con la población.  Además, en el salón de clases estos agentes educativos pueden establecer una relación cercana con su grupo, ya que valoran el lenguaje y la experiencia de sus alumnos.

 

Ser instructor comunitario no es tarea fácil.  Ellos aprenden muchas cosas en el camino: adquieren seguridad para conducir juntas y asambleas con los padres de familia y miembros de la comunidad; ayudan a propiciar que la comunidad sea la gestora de servicios públicos en su beneficio ante las autoridades locales; se adaptan a las condiciones desfavorables, como pueden ser el trabajar a la sombra de un árbol mientras los habitantes construyen el aula, caso que puede ocurrir cuando el servicio educativo se instala por primera vez en el lugar; adquieren nuevas destrezas en el trabajo docente con su grupo de alumnos; enfrentas situaciones difíciles, como el estar lejos de su familia, y van adquiriendo poco a poco el valor y la madurez para tomar sus propias decisiones.

 

Durante el servicio social los instructores comunitarios o encargados, además de su labor escolar al frente del grupo de preescolar o de primaria, tienen la responsabilidad de realizar otras actividades, algunas de ellas prescritas en el modelo educativo (por ejemplo, la orientación sobre el cuidado de la salud) y algunas más, nacidas del interés por compartir sus experiencias y conocimientos, como practicar algún deporte o adiestrar en alguna habilidad artística o manual a sus alumnos (tocar instrumentos, pintar, hacer trabajos de carpintería, artesanías) o leer libros a las familias, alfabetizar a los adultos, etc.

 

La mayoría de los instructores viven experiencias positivas con los padres de familia y otros miembros de la comunidad.  A pesar de su juventud logran ganar el respeto de los habitantes por su dedicación y esfuerzo y demostrando que son capaces de asumir la responsabilidad de  enseñar a los niños y de trabajar con los padres en actividades de beneficio escolar y comunitario. La sensación de soledad que estos jóvenes viven al inicio de su servicio social se va atenuando con la comunicación continua que tienen con las personas se va atenuando con la comunicación continua que tienen con las personas de la comunidad; también aprendes rápidamente a que los miembros de la comunidad apoyen su trabajo. Institucionalmente se promueve que los padres de los instructores tengan información suficiente y respalden la participación de sus hijos, y por lo general los apoyan en la decisión de incorporarse como instructores y están conscientes de las responsabilidades que adquieren en esta nueva experiencia. En muchas ocasiones los aspirantes a instructores ingresan motivados porque antes fueron alumnos de algún programa de Educación Comunitaria o porque tienen algún familiar que fue instructor y les comenta sus experiencias.

 

En este recorrido, en el que se viven ricas experiencias, lo jóvenes no están solos.  Ellos tienen la oportunidad de convivir, intercambiar vivencias, compartir aprendizajes, dificultades y aciertos técnico-pedagógicos con sus compañeros del mismo programa o proyecto.  Los encuentros de instructores se realizan mensualmente y duran tres días.  Los conductores de estas reuniones han pasado ya por la experiencia de ser instructores y ahora capacitan a las nuevas generaciones, también siguiendo el esquema de servicio social; estas personas se conocen como capacitadotes tutores.

 

La experiencia de ser instructor comunitario o capacitador tutor contribuye mucho a la formación de estos jóvenes.  El conocimiento que adquieren desempeñando el papel de docentes, las experiencias del trabajo comunitario, la capacidad de resolver problemas y enfrentarse a situaciones nuevas, la habilidad de expresarse en público, la disciplina para planear, aprender y enseñar, generalmente los lleva a ser después buenos estudiantes, profesionistas y ciudadanos.

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